Bahía Solano, costa Pacífica de la Colombia occidental donde muchas playas y pequeños poblados dan vida a una gastronomía de sabores tropicales; donde los frutos del mar son la gran carta de presentación para los visitantes que arriban a estas húmedas y calurosas selvas desde todas partes del mundo.
Aquí, El Golfo de Tribugá es un verdadero paraíso para los grandes pelágicos que deambulan por estas costas desoladas, siendo las ballenas el principal atractivo ya que llegan desde la Antártida en su gran migración para dar a luz a sus enormes crías. En el horizonte, acompañando a los cetáceos, aparecen los barcos camaroneros con sus brazos de redes extendidos hacia el mar.
Y después de fotografiar a las Jorobadas nada mejor que comer un maravilloso ceviche de Bravo, preparado por una de las magnificas chef de El Cantil, un eco-lodge donde se privilegia la vida sana. Mucho pescado, verduras, frutas y jugos naturales.
El
Bravo es un pez luchador, que da la batalla al intentar sacarlo de su medio natural, y es bravo también su sabor, que difícilmente se puede olvidar por lo agradable de su textura y su fina consistencia. Este plato con abundante limón es una autentica delicia. También el Bravo se prepara en El Cantil como trozos grandes fritos, con mucha ensalada y una buena cerveza Poker.
Luego, ya descansando en mi hamaca y leyendo artículos sobre las caminatas hacia las ranas venenosas y la densa foresta, veo llegar a la playa algunas canoas con más peces exóticos. Son los lugareños de Termales, un poblado cercano donde afloran aguas subterráneas volcánicas. Ellos acostumbran a pescar, cerca de la costa atunes y albacoras, además de pardos, un hermoso pez de coloración rojiza, por nombrar sólo algunos.